Historia Natural del Imperio # 1

  1. El Che y la naturaleza

En un reciente viaje por la provincia de Misiones visité el Parque Provincial Ernesto Che Guevara de la Serna, que protege unas 21 hectáreas de lo que fue la propiedad de los Guevara-De la Serna en la zona del poblado de Caraguatay, donde el Che pasó los primeros dos años y medio de su vida. El área protegida es una lengua de tierra bañada por el río Paraná y tiene como principal atractivo la Reserva Natural y Cultural “Solar del Che”, que incluye un museo o centro de interpretación con decenas de libros, retratos y fotografías del Che y su familia, las bases de la casa que ocuparon durante poco más de tres años entre 1927 y 1931 -y que los militares mandaron destruir en la última dictadura militar- y una serie de senderos guiados; uno de ellos lleva al Arroyo Salamanca, a unos cincuenta metros del lugar donde se erigía la cocina de la casa, y donde un relato del guía me catapultó a nuevas preguntas. Parece que los padres del Che, siguiendo una costumbre de los habitantes ancestrales de la selva misionera, acostumbraban a bañar al pequeño en ese arroyo que en los meses de invierno (recuérdese que el Che nació en Junio) es frío y caudaloso. La intención de esos baños fríos era la de templar el cuerpo del niño, generar una fuerza mayor aún mediante la exposición a esa fuerza. Revelación! La templanza del Che aparecía de pronto como producto de un trabajo (templar-se), una cualidad que muestra su proceso! Y sin embargo, esos mismos baños fríos parecen haber sido los que generaron las afecciones respiratorias que luego se desarrollarían como asma, que impedirían a la familia retornar a las tierras de la selva y los llevarían a radicarse un tiempo en Córdoba. La fuerza se convertía en debilidad. ¿O acaso sólo se disfrazaba?

En ese torbellino apareció una pregunta. Es, según me comentó el guardaparque en una de las largas conversaciones que mantuvimos en los días de lluvia que siguieron a ese primer día en la casa del Che, una pregunta que surge a muchos visitantes de la reserva: ¿cuánto de todo esto pudo determinar la vida del Che? Ernesto Guevara Lynch, padre del Che, trabaja el problema en su libro “Mi hijo el Che”: “El pequeño Ernesto vivió en territorio misionero cerca de dos años. Es poco probable que lo haya recordado porque era muy chico; pero tengo la seguridad de que todas esas impresiones dejaron en él una profunda huella. Durante muchos años mi mujer y yo estuvimos ligados a esos parajes que dejamos en 1931 por cuestiones fortuitas. Pensábamos volver a trabajar en la explotación del yerbal en Caraguatay; pero ya instalados en San Isidro, Ernesto comenzó a tener asma y regresar a Misiones con un niño asmático se hizo muy difícil. Pero siempre la selva misionera estuvo presente en nuestros recuerdos… Es que en esos parajes el Che dio sus primeros pasos…”.

Había otra pregunta detrás de esa primera reacción a la memoria natural del sitio donde el Che dio sus primeros pasos. La pregunta es: ¿cuál era la relación del Che con la naturaleza? De otra manera, ¿qué era para él la naturaleza? El problema anterior toma una nueva dimensión, y se hace preciso volver al texto de Ernesto padre. ¿Qué motivó ese movimiento original y fundante de la relación del Che con la naturaleza? Según Guevara Lynch, Misiones “era un lugar emocionante, lleno de animales feroces, trabajo peligroso, robos y asesinatos, vientos con lluvias interminables y enfermedades tropicales. (…) Allí, en la misteriosa Misiones, todo atrae y emociona. Atrae como todo peligro y emociona como toda pasión”. Esta descripción de la selva misionera, a la vez que recuerda la aventura del escritor Horacio Quiroga -su profunda conexión creativa, sus fallidas empresas económicas y el trágico final que le deparó la selva- trabaja ese doble aspecto que funda y funde la relación hombre-naturaleza: allí donde más fuerte se siente la naturaleza, es donde más se siente la vida pero también donde más se siente la muerte. “Sentir más”, procurar más vitalidad (y su peligroso reverso). Esto nos lleva un paso más allá en los motivos de la aventura misionera de los Guevara-De la Serna. La investigación histórica muestra que cuando en  diciembre de 1927 Ernesto Guevara Lynch se casó en Buenos Aires con Celia de la Serna, ella ya estaba embarazada del pequeño Ernesto. La hipótesis es entonces que el traslado a Misiones tendría que ver con la voluntad de escapar del juicio y castigo de la sociedad aristocrática a la que Celia pertenecía. La naturaleza como refugio: un lugar tranquilo donde crecer en paz. ¿No es ese acaso el sueño que se replica en los hippies de los ´60 y en los jubilados que hoy se retiran a las montañas? Y al mismo tiempo esta otra concepción: la naturaleza como reverso; reverso de lo urbano, del mundo prefabricado, aburrido, predecible de las ciudades, del tiempo pautado y expropiado, de la sociedad opresiva, de los compromisos estúpidos, de la vida autofagocitada, de la libertad sustraída en cada bocacalle.

La concepción de la naturaleza como refugio puede leerse en los escenarios de la lucha armada guerrillera: la sierra cubana, la selva congoleña, la selva boliviana. Las derivas de esa idea son múltiples. Pero la idea de la naturaleza como reverso nos lleva nuevamente un paso más allá, permitiéndonos interrogarnos por la vinculación entre el amor por la naturaleza y el anticapitalismo, que toma en el Che y necesariamente en nuestra América la forma de anti-imperialismo. Nos internamos, con el Che de aliado, en la herida más profunda y de perenne actualidad de nuestra América.

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